Los creadores de fanzines plantan cara a la IA: los editores independientes defienden la cultura hecha a mano
La IA ha llegado incluso a la cultura fanzine, una de las formas de autoedición más artesanales e independientes. Algunos autores la usan para maquetar, generar HTML y publicar en digital. Otros lanzan fanzines anti-IA y pasan los textos por detectores de IA. El debate de fondo es si las herramientas generativas son compatibles con la ética DIY, que valora un proceso de creación lento, imperfecto, manual y completamente humano.
Procesado por IA desde Guardian; editado por Hamidun News
La IA ha llegado a una de las formas de arte independiente más artesanales y de menor presupuesto: los fanzines. Para algunos autores es una herramienta práctica para maquetar y publicar. Para muchos otros, la mera idea de que intervenga una máquina contradice el sentido de la cultura DIY.
Por qué ha estallado el debate
Durante décadas, los fanzines formaron parte de la contracultura. Por ellos pasaron la escena punk, el activismo queer, el feminismo negro y otros movimientos que no necesitaban grandes editoriales ni imprentas caras. Su fuerza siempre ha estado en la accesibilidad: una hoja de papel, pegamento, tijeras, una fotocopiadora y una voz propia.
Por eso aquí la irrupción de la IA se percibe como algo más que una tecnología nueva: se vive como un golpe a la lógica misma del género. Si un fanzine puede montarse con prompts y plantillas prefabricadas, muchos autores se preguntan qué queda entonces del gesto personal.
Rachel Goldfinger, artista y editora de vídeo de Filadelfia, publicó el fanzine anti-IA I Should Be Allowed To Think. Según ella, esta tecnología desacostumbra a la gente a pensar de forma crítica y, al mismo tiempo, complica la vida a los artistas, a quienes ya les cuesta conservar su trabajo. Para Goldfinger, el fanzine es precisamente el formato donde la IA encaja peor, porque debe ser irregular, manual y casi improvisado. Esa postura tiene una dimensión estética y también ética: el proceso lento se considera parte del mensaje, no un obstáculo.
Dónde ya se usa la IA
Por supuesto, no hay una prohibición total. Algunos diseñadores y autores ya experimentan con IA en fanzines digitales, sobre todo cuando no se trata de un objeto impreso, sino de una publicación online. La tecnología se usa para generar imágenes, rehacer la maquetación y agilizar la parte técnica del trabajo.
The Guardian cita el ejemplo de un fanzine de 97 páginas con estética de los 90, que el diseñador Jesse Pimenta y la escritora Chase Batchelor crearon con las herramientas de IA de Figma. Otro autor, el ingeniero de TI Steve Simkins, recurrió a ChatGPT para generar el HTML y publicar la web de su fanzine fotográfico, pero el contenido lo mantuvo en sus manos.
- Generación de ilustraciones y elementos visuales
- Reorganización de páginas y bloques sin largas sesiones de maquetación manual
- Escritura de HTML y publicación de la web de un fanzine online
- Aceleración de las fases rutinarias de producción
Para parte de la escena, esto es más un experimento que una nueva norma. Jeremy Leslie, fundador de la tienda y plataforma MagCulture, afirma que los fanzines con IA que conoce usaban la tecnología de forma deliberada: para poner a prueba sus límites o para mostrar hasta qué punto se queda corta frente a la creatividad humana. Aun así, la mera aparición de estas obras demuestra que el debate ya no gira en torno a si la IA llegará a la cultura fanzine, sino a si puede integrarse en ella sin que pierda su sentido.
Cómo responden los autores
Los críticos más duros no responden con publicaciones en redes sociales, sino con nuevos fanzines contra la IA. La artista australiana Maddie Marshall dedicó un año al fanzine de 92 páginas Art v AI, después de que en su trabajo empezaran a presionarla para que usara este tipo de herramientas.
La publicación feminista londinense Polyester ha ido todavía más lejos. Su fundadora, Ione Gamble, asegura que la redacción no utiliza IA ni para imágenes ni para textos, y que ahora pasa los materiales recibidos por un detector de IA para no publicar escritura generada por máquina como si fuera humana.
Otros miembros de la escena tienen una postura algo más matizada. Zoe Thompson, creadora de Sweet-Thang, considera que trabajar con IA tiene algo de experimento, pero casi nada de arte, porque la belleza de la creación nace precisamente de la lentitud. Incluso quienes admiten que ambos enfoques pueden convivir dudan de que esa convivencia vaya a ser armoniosa.
Los distribuidores, en cambio, se muestran más tranquilos: si una obra es realmente interesante y tiene vida, algunas plataformas están dispuestas a apoyarla, se haya usado IA o no.
«No quiero acelerar el proceso.
Para mí, eso le quita todo el sentido».
Qué significa esto
El debate en torno a los fanzines refleja bien el gran conflicto de la era de la IA generativa: la cuestión ya no es si la tecnología puede hacer algo, sino dónde su uso destruye el valor del propio proceso. Para la cultura DIY resulta especialmente doloroso, porque aquí el trabajo manual es el contenido, no un coste.
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Preguntas frecuentes sobre la noticia
¿Qué se sabe sobre Por qué ha estallado el debate?
Durante décadas, los fanzines formaron parte de la contracultura. Por ellos pasaron la escena punk, el activismo queer, el feminismo negro y otros movimientos que no necesitaban grandes editoriales ni imprentas caras. Su fuerza siempre ha estado en la accesibilidad: una hoja de papel, pegamento, tijeras, una fotocopiadora y una voz propia. Por eso aquí la irrupción de la IA se percibe como algo más que una tecnología nueva: se vive como un golpe a la lógica misma del género. Si un fanzine puede montarse con prompts y plantillas prefabricadas, muchos autores se preguntan qué
Dónde ya se usa la IA?
Por supuesto, no hay una prohibición total. Algunos diseñadores y autores ya experimentan con IA en fanzines digitales, sobre todo cuando no se trata de un objeto impreso, sino de una publicación online. La tecnología se usa para generar imágenes, rehacer la maquetación y agilizar la parte técnica del trabajo. The Guardian cita el ejemplo de un fanzine de 97 páginas con estética de los 90, que el diseñador Jesse Pimenta y la escritora Chase Batchelor crearon con las herramientas de IA de Figma. Otro autor, el ingeniero de TI Steve Simkins, recurrió a ChatGPT para generar el
Cómo responden los autores?
Los críticos más duros no responden con publicaciones en redes sociales, sino con nuevos fanzines contra la IA. La artista australiana Maddie Marshall dedicó un año al fanzine de 92 páginas Art v AI, después de que en su trabajo empezaran a presionarla para que usara este tipo de herramientas. La publicación feminista londinense Polyester ha ido todavía más lejos. Su fundadora, Ione Gamble, asegura que la redacción no utiliza IA ni para imágenes ni para textos, y que ahora pasa los materiales recibidos por un detector de IA para no publicar escritura generada por máquina co
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