La carrera hacia la AGI: Hassabis y Amodei discrepan sobre cuándo terminará el mundo tal como lo conocemos
En Davos se produjo algo poco habitual: Demis Hassabis (Google DeepMind) y Dario Amodei (Anthropic) debatieron sobre un futuro que va más allá de la inteligencia humana. Hassabis mantiene un optimismo moderado, mientras que Amodei apunta a escenarios más radicales. La pregunta central del debate no es «si», sino «cuándo». La distancia entre las estimaciones de los líderes del sector demuestra que seguimos volando entre la niebla, aunque a velocidad supersónica. Más que un debate filosófico, se trata de una batalla por los recursos y la regulación que definirá la economía de la próxima década.
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En Davos, Demis Hassabis, de Google DeepMind, y Dario Amodei, de Anthropic, se sentaron a la misma mesa para debatir sobre «El día después de la AGI», y discreparon en lo esencial: cuándo llegará el día a partir del cual tenga sentido hablar de un «después». Hassabis apuesta por finales de la década; Amodei admite que los saltos inesperados en las capacidades de la IA podrían empezar bastante antes.
Quién debatió y sobre qué en Davos
En las montañas suizas, donde suele decidirse el destino de la economía mundial, esta vez se intentó averiguar cuándo esa misma economía dejará de ser un asunto exclusivamente humano. En Davos ocurrió algo que el sector esperaba desde hacía tiempo: Demis Hassabis, de Google DeepMind, y Dario Amodei, de Anthropic, se sentaron a la misma mesa. El moderador los comparó con los Beatles y los Rolling Stones.
La comparación cojea: a diferencia de las estrellas del rock, estos dos no compiten por las listas de éxitos, sino que intentan calcular la fecha en que la inteligencia artificial igualará al ser humano o lo superará. El tema anunciado era ambicioso: «El día después de la AGI». Pero antes de planificar el desayuno en un mundo con superinteligencia, hay que saber cuándo amanecerá.
Hace apenas un par de años, el término AGI (inteligencia artificial general) era cosa de frikis y autores de ciencia ficción. Hoy figura en los informes trimestrales de las mayores corporaciones del mundo.
Los argumentos de
Hassabis: la AGI como herramienta para la ciencia
Hassabis, el hombre que prácticamente desencadenó la ola actual de IA al vender DeepMind a Google, siempre ha sido un optimista prudente. Construye sistemas que juegan al go, predicen la estructura de las proteínas y ahora intentan razonar. Concibe la AGI como una herramienta capaz de resolver problemas de la física y la biología. Para él se trata de una evolución, aunque muy rápida: una potente palanca que ayudará a la humanidad a afrontar lo que no puede resolver por sí sola.
Los argumentos de
Amodei: crecimiento no lineal y punto de no retorno
Dario Amodei, de Anthropic, juega a otro juego. Su empresa nació de una escisión en OpenAI motivada precisamente por la seguridad. Si Hassabis es un ingeniero investigador, Amodei es alguien que observa las curvas exponenciales y ve en ellas no solo progreso, también una amenaza.
En Davos volvió a recordar las leyes de escalado: se invierten miles de millones de dólares en capacidad de cómputo y las redes neuronales se vuelven obedientemente más inteligentes, pero ese crecimiento no es lineal. El mundo podría despertar con un modelo de nueva generación que muestre de repente capacidades para las que nadie está preparado, ni legal ni moralmente. Amodei subraya que el punto de no retorno está más cerca de lo que creen muchos reguladores.
Por qué importa la discrepancia en los plazos
La diferencia de enfoques deja al descubierto el gran conflicto del sector: la convicción de que el proceso puede controlarse e integrar la IA de forma gradual en la ciencia y la vida cotidiana, frente al temor de que la velocidad del desarrollo tecnológico ya haya superado la capacidad de adaptación de las instituciones sociales. Cuando el moderador preguntó por plazos concretos, se palpó la tensión: Hassabis apuesta por finales de la década, mientras que Amodei sugiere que las sorpresas podrían llegar mucho antes. De esas fechas depende hacia dónde fluirán los próximos billones de dólares de inversión y qué leyes se aprobarán en la UE y en Estados Unidos en los próximos meses.
La era de los chatbots «de juguete» toca a su fin y el sector avanza hacia agentes capaces de actuar por su cuenta. Si los líderes de las dos empresas que prácticamente tienen en sus manos las llaves de esta tecnología discrepan en la evaluación de los riesgos fundamentales, hay motivos para reflexionar: los creadores del motor discuten si el coche tiene frenos y dónde está el precipicio. Y, aun así, ambos siguen pisando el acelerador, porque detenerse en esta carrera significa perderlo todo. El encuentro de Davos demostró que no hay consenso ni siquiera en la cúpula, y que «el día después de la AGI» podría llegar de improviso para todos los implicados.
Hassabis y Amodei coinciden en una cosa: la AGI es inevitable y está cerca. Pero mientras Google ve en ella un superasistente para científicos, Anthropic advierte de un cambio tectónico para el que el mundo no está preparado.
¿Cuándo llegará la AGI, según Hassabis y Amodei?
Hassabis apuesta por finales de la década. Amodei, en cambio, sugiere que los saltos inesperados en las capacidades de la IA podrían empezar bastante antes, y subraya que el punto de no retorno está más cerca de lo que creen muchos reguladores.
¿Por qué
Hassabis y Amodei discrepan en la evaluación de los riesgos de la IA?
Hassabis ve la AGI como una herramienta y una evolución, aunque muy rápida: una palanca que ayudará a resolver problemas de la física y la biología. Amodei, cuya empresa, Anthropic, nació de una escisión en OpenAI motivada por la seguridad, señala que las capacidades de los modelos crecen de forma no lineal a medida que aumenta la capacidad de cómputo, y advierte de que el mundo podría no estar preparado para ello, ni legal ni moralmente.
¿En qué coinciden Hassabis y Amodei?
Ambos coinciden en que la AGI es inevitable y está cerca. Discrepan en lo que eso significa: Google ve en la AGI un superasistente para científicos, mientras que Anthropic advierte de un cambio tectónico para el que el mundo no está preparado.
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Preguntas frecuentes sobre la noticia
¿Cuándo llegará la AGI, según Hassabis y Amodei?
Hassabis apuesta por finales de la década. Amodei, en cambio, sugiere que los saltos inesperados en las capacidades de la IA podrían empezar bastante antes, y subraya que el punto de no retorno está más cerca de lo que creen muchos reguladores.
¿Por qué Hassabis y Amodei discrepan en la evaluación de los riesgos de la IA?
Hassabis ve la AGI como una herramienta y una evolución, aunque muy rápida: una palanca que ayudará a resolver problemas de la física y la biología. Amodei, cuya empresa, Anthropic, nació de una escisión en OpenAI motivada por la seguridad, señala que las capacidades de los modelos crecen de forma no lineal a medida que aumenta la capacidad de cómputo, y advierte de que el mundo podría no estar preparado para ello, ni legal ni moralmente.
¿En qué coinciden Hassabis y Amodei?
Ambos coinciden en que la AGI es inevitable y está cerca. Discrepan en lo que eso significa: Google ve en la AGI un superasistente para científicos, mientras que Anthropic advierte de un cambio tectónico para el que el mundo no está preparado.
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