KPMG recorta lo que paga a sus contables y lo atribuye a la IA: un ahorro de $59.000
KPMG ha conseguido rebajar en $59.000 anuales lo que paga por los servicios de sus contables y lo justifica con la implantación de la inteligencia artificial. El contratista ha aceptado una reducción del 14% en sus honorarios, que pasan de $416.000 a $357.000 al año.
Procesado por IA desde CNews AI; editado por Hamidun News
El sector de la auditoría está cambiando de forma visible. KPMG, uno de los mayores actores del mercado, anunció recientemente que reducirá lo que paga por los servicios que prestan sus contables. ¿El motivo? La implantación a gran escala de tecnologías de inteligencia artificial que, según la dirección, deberían recortar los costes de forma sustancial. La decisión ha tenido una amplia repercusión y ha llevado a muchos a preguntarse por el futuro de la profesión contable.
En esencia, esto es lo que ha ocurrido: KPMG ha conseguido que su contratista acepte rebajar los honorarios de auditoría en torno a un 14%. Si en 2024 la compañía pagó $416.000 por estos servicios, en 2025 la cifra bajará a $357.000. El ahorro será, por tanto, de $59.000. KPMG lo explica así: la IA asume parte de las tareas rutinarias que antes hacían personas, lo que reduce la carga de trabajo y, en consecuencia, el coste de los servicios.
La implantación de la IA en la contabilidad y la auditoría responde a una necesidad real, más allá de cualquier moda. La tecnología actual permite automatizar multitud de procesos, desde el tratamiento de la documentación primaria hasta la elaboración de informes. La IA puede analizar enormes volúmenes de datos con rapidez y sin errores, y detectar patrones y anomalías, lo que mejora notablemente la eficiencia de contables y auditores. Esto, a su vez, se traduce en menores costes y mayor competitividad.
Dicho esto, la llegada de la IA no implica la desaparición total de la profesión contable. Más bien supone su transformación. Los contables tendrán que adquirir nuevas habilidades y competencias para trabajar con sistemas de IA, interpretar sus resultados y tomar decisiones fundamentadas. El peso pasará de las operaciones rutinarias al análisis y la consultoría.
Las consecuencias de esta decisión de KPMG pueden ser considerables. En primer lugar, podría sentar un precedente para otras firmas de auditoría, que también empezarían a implantar la IA de forma intensiva y a revisar las condiciones con sus contratistas. En segundo lugar, podría reducir la demanda de servicios contables y, como consecuencia, destruir empleo en el sector. En tercer lugar, podría impulsar nuevos programas formativos y cursos orientados a preparar profesionales capaces de trabajar en la economía digital.
En última instancia, la implantación de la IA en la contabilidad y la auditoría es un proceso inevitable que conlleva tanto oportunidades como riesgos. Conviene entender que la IA no sustituye a las personas: es una herramienta que puede mejorar notablemente la eficiencia de su trabajo. La clave está en usarla bien y en adaptarse a las nuevas condiciones.
El recorte de KPMG a sus contables, justificado por la implantación de la IA, es una señal de alarma, pero también un incentivo para evolucionar. Los contables necesitan dominar las nuevas tecnologías y mejorar su cualificación para seguir siendo demandados en el mercado laboral. Las empresas, por su parte, deben implantar la IA de forma responsable, teniendo en cuenta sus consecuencias sociales y garantizando la recualificación de sus empleados.
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