Ares Management: por qué el capital privado no teme al apocalipsis de la IA

El director de Ares Management, Michael Arougheti, asegura que el mercado privado está preparado para la transformación de la IA. En una entrevista con Bloomberg, señaló que muchas empresas de su cartera tienen una protección natural frente a los cambios tecnológicos. No es una bravuconada de inversor, sino una apuesta por que la economía real y los servicios se adapten más rápido de lo que los algoritmos podrán sustituirlos. Mientras Silicon Valley construye modelos, Ares apuesta por quienes los usarán para optimizar procesos de negocio de toda la vida. Para los grandes gestores de activos, la IA no es una amenaza existencial, sino una herramienta para mejorar los márgenes donde antes no era posible.

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Ares Management: por qué el capital privado no teme al apocalipsis de la IA
Fuente: Bloomberg Tech. Collage: Hamidun News.
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Mientras el mundo contiene el aliento a la espera de que la IA generativa empiece a sustituir personas de forma masiva, Michael Arougheti, director de Ares Management, mantiene una calma olímpica. En una reciente conversación en Bloomberg Open Interest expuso una idea que va contra el alarmismo imperante: el capital privado no solo está preparado para el cambio, sino que está bien protegido frente a él. La afirmación pesa más en un momento en que los capitalistas de riesgo mueven dinero frenéticamente de una startup de LLM a otra, con la esperanza de acertar con el ganador de la carrera armamentística.

Arougheti mira más allá: evalúa no solo la tecnología, sino también la resistencia de los modelos de negocio reales a su adopción.

Para entender la postura de Ares conviene recordar a qué se dedica. No se limita a invertir en software: gestiona enormes carteras en el sector privado, desde inmuebles hasta infraestructuras y empresas de servicios. Cuando Arougheti dice que sus compañías están «bien cubiertas» frente a los cambios provocados por la IA, se refiere a la naturaleza fundamental de esos negocios. Muchas de estas empresas prestan servicios o poseen activos que una línea de código no puede sustituir. No se le puede pedir a ChatGPT que arregle una tubería rota ni que gestione un almacén físico, al menos en las próximas décadas. Sí se puede usar la IA para que esos procesos sean mucho más eficientes.

El contexto es decisivo. Estamos acostumbrados a medir el impacto de la IA con el prisma de Silicon Valley, donde el éxito se mide en parámetros del modelo o en velocidad de generación de texto. Pero para gigantes como Ares, la IA es ante todo una forma de reducir costes operativos en sectores tradicionales. Si una participada de logística implanta algoritmos para optimizar rutas, su valor sube y sus riesgos bajan. Ahí está la «cobertura»: poseer activos que se benefician de la automatización sin perder su valor único para el cliente final.

Arougheti también apunta a un cambio de mercado importante. Mientras las empresas cotizadas deben rendir cuentas a los accionistas por cada dólar invertido en IA, el capital privado tiene el lujo de planificar a largo plazo. Puede incorporar la tecnología de forma metódica, sin temer la volatilidad a corto plazo ni las expectativas infladas del mercado. Así, las compañías gestionadas por Ares pueden adaptarse a la nueva realidad con más discreción y eficacia que sus competidoras cotizadas, que dedican más tiempo a las relaciones públicas de sus iniciativas de IA que a implantarlas de verdad.

Cabe señalar que este optimismo no lo comparte ni mucho menos todo el mundo. Muchos analistas vaticinan que la IA arrasará capas enteras de la economía de servicios en la que tanto se apoyan los fondos de inversión privados. Pero la lógica de Arougheti parte de que la «última milla», la interacción física con el cliente o la gestión de infraestructuras complejas, seguirá en manos humanas mucho tiempo.

Aquí la IA actúa no como sustituto, sino como un potente amplificador. Si uno es dueño de una red de clínicas, la IA ayudará a los médicos a diagnosticar más rápido, pero no sustituirá a las clínicas ni la necesidad de atención física de las personas. Esa es la «protección natural» frente al tsunami tecnológico.

En definitiva, la postura de Ares Management refleja una nueva etapa de madurez del mercado. Pasamos de «la IA es magia que lo cambiará todo» a «la IA es el nuevo estándar de eficiencia». Y en este juego no ganan quienes crean las redes neuronales más inteligentes, sino quienes saben integrarlas con criterio en un negocio que funciona y que tiene activos reales. Arougheti está convencido de que el capital privado está en mejor posición para esta transformación y, a juzgar por la evolución de sus carteras, tiene motivos de sobra para afirmarlo.

Lo esencial: el capital privado ve en la IA no una amenaza de destrucción, sino un catalizador del aumento de márgenes en sectores tradicionales. ¿Podrán las empresas cotizadas responder con la misma confianza sin la presión de los informes trimestrales?

Historia
ZK
Zhemal Khamidun — CPO de Alpina Digital, product manager de AlpinaGPT. Crea productos de IA desde 2019. Hamidun News es un proyecto personal que creció hasta ser un agregador en producción con más de 6.000 lectores.
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