Irán y EE. UU. libran una guerra de basura informativa: vídeos de Lego contra ataques deepfake
Durante el conflicto de 2026 entre EE. UU. e Irán, ambos bandos recurrieron de forma intensiva al contenido generado por IA. La Casa Blanca publicó un vídeo que mezclaba operaciones militares reales con fragmentos de películas y anime. Irán respondió difundiendo en redes sociales vídeos generados por IA con ataques falsos contra bases israelíes. Es la primera guerra informativa en la que el vídeo generado por IA es el arma principal.
Procesado por IA desde Guardian; editado por Hamidun News
A principios de marzo de 2026, una semana después de los primeros ataques de EE. UU. e Israel contra Irán, la Casa Blanca publicó el vídeo «Justice the American way», que mezclaba imágenes reales de los bombardeos con fragmentos de películas, series, videojuegos y anime. El 8 de abril de 2026, The Guardian publicó una columna que analizaba la guerra de desinformación entre Irán y EE. UU. que estalló a continuación.
El vídeo de la Casa Blanca y la respuesta iraní
Según la columna, Irán y sus partidarios respondieron con su propio aluvión de contenido en redes sociales. Presentaron imágenes antiguas de conflictos bélicos anteriores como si fueran grabaciones del enfrentamiento actual y, junto a ellas, difundieron contenido generado por IA que mostraba ataques contra Tel Aviv y contra bases estadounidenses en el golfo Pérsico. Ya el 28 de febrero de 2026, The New York Times informó de la circulación de vídeos falsos y desfasados tras los primeros ataques contra Irán: la ola de desinformación arrancó prácticamente a la vez que el propio conflicto militar.
Resulta revelador que tanto la parte oficial como la no oficial del conflicto recurrieran a la misma técnica: mezclar imágenes documentales reales con contenido deliberadamente ficticio o ajeno. El vídeo de la Casa Blanca combinaba grabaciones reales de los ataques con fragmentos de películas de Hollywood, series, videojuegos y anime para lograr un efecto espectacular y dramático. Por su parte, el bando iraní utilizó imágenes de conflictos pasados, sin relación con los hechos actuales, y las hizo pasar por recientes. En ambos casos, el espectador recibía un material con más impacto emocional que una crónica documental sobria, pero que distorsionaba a sabiendas la realidad de los hechos.
- Inicio del conflicto: ataques de EE. UU. e Israel contra Irán, a principios de marzo de 2026
- Vídeo de la Casa Blanca: «Justice the American way», que mezcla imágenes reales con películas, series, videojuegos y anime
- Respuesta iraní: imágenes bélicas antiguas y contenido generado por IA sobre ataques contra Tel Aviv y bases de EE. UU. en el golfo Pérsico
- Primeros informes de desinformación: The New York Times, 28 de febrero de 2026
- Publicación de The Guardian: 8 de abril de 2026
¿Por qué ya no se puede confiar en las fuentes?
La tesis central de la columna de The Guardian parte de una observación: cuando resulta imposible verificar la fiabilidad de una fuente, el espectador deja de elegir lo que es cierto y pasa a quedarse con lo que le resulta emocionalmente cómodo, ya sea lo que le tranquiliza, lo que le entusiasma o, al contrario, lo que le indigna. La parte oficial estadounidense, que monta imágenes reales de combate mezcladas con cine y animación, y la parte iraní, que usa vídeos antiguos y contenido sintético generado por IA, siguen la misma lógica: construyen un relato de los hechos emocionalmente convincente, pero no necesariamente veraz.
¿Qué implica esto para el consumo de medios?
El uso de la IA generativa por ambos bandos ilustra un problema más amplio de las guerras informativas de la nueva era. Las tecnologías que permiten crear contenido visual verosímil de forma rápida y barata están al alcance tanto de las maquinarias de propaganda estatales como de los usuarios corrientes de redes sociales, que siguen difundiendo ese contenido, a menudo sin comprobar su origen. Así se difumina la frontera entre la propaganda oficial y la propagación espontánea de bulos desde abajo, y reconstruir un relato único y fiable de los hechos se vuelve una tarea prácticamente imposible para un observador externo.
Es significativo que en poco más de un mes —desde los primeros informes de The New York Times sobre vídeos falsos, el 28 de febrero de 2026, hasta la columna de The Guardian del 8 de abril de 2026— el tema pasara de notas aisladas de verificación a un análisis completo como fenómeno sistémico de la guerra informativa. Esto indica que la velocidad con la que se produce y difunde este tipo de contenido supera la capacidad de los medios independientes y de los verificadores para desmentirlo, y que la verificación se convierte en un trabajo permanente, no puntual.
Para el espectador corriente, esto significa que la costumbre de considerar el vídeo como la prueba más fiable —«si hay imágenes, es verdad»— ya no sirve en las noticias sobre conflictos armados. En el fondo, la tesis de la columna de The Guardian invita a tratar cualquier vídeo bélico con carga emocional que circule por redes sociales con la misma cautela con la que antes se trataban los rumores anónimos en texto.
Preguntas frecuentes sobre la noticia
¿Por qué ya no se puede confiar en las fuentes?
La tesis central de la columna de The Guardian parte de una observación: cuando resulta imposible verificar la fiabilidad de una fuente, el espectador deja de elegir lo que es cierto y pasa a quedarse con lo que le resulta emocionalmente cómodo, ya sea lo que le tranquiliza, lo que le entusiasma o, al contrario, lo que le indigna. La parte oficial estadounidense, que monta imágenes reales de combate mezcladas con cine y animación, y la parte iraní, que usa vídeos antiguos y contenido sintético generado por IA, siguen la misma lógica: construyen un relato de los hechos emoci
¿Qué implica esto para el consumo de medios?
El uso de la IA generativa por ambos bandos ilustra un problema más amplio de las guerras informativas de la nueva era. Las tecnologías que permiten crear contenido visual verosímil de forma rápida y barata están al alcance tanto de las maquinarias de propaganda estatales como de los usuarios corrientes de redes sociales, que siguen difundiendo ese contenido, a menudo sin comprobar su origen. Así se difumina la frontera entre la propaganda oficial y la propagación espontánea de bulos desde abajo, y reconstruir un relato único y fiable de los hechos se vuelve una tarea práct
¿Qué se sabe sobre El vídeo de la Casa Blanca y la respuesta iraní?
Según la columna, Irán y sus partidarios respondieron con su propio aluvión de contenido en redes sociales. Presentaron imágenes antiguas de conflictos bélicos anteriores como si fueran grabaciones del enfrentamiento actual y, junto a ellas, difundieron contenido generado por IA que mostraba ataques contra Tel Aviv y contra bases estadounidenses en el golfo Pérsico. Ya el 28 de febrero de 2026, The New York Times informó de la circulación de vídeos falsos y desfasados tras los primeros ataques contra Irán: la ola de desinformación arrancó prácticamente a la vez que el propi
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