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Estudio de First Street: el 80% de los centros de datos es vulnerable a inundaciones, incendios y huracanes

Casi el 80% de los centros de datos del mundo es vulnerable a catástrofes climáticas como inundaciones, huracanes e incendios forestales, según un estudio de la empresa First Street. La paradoja es que los centros de datos de IA alimentan activamente la crisis climática con sus emisiones de gases de efecto invernadero y, a la vez, son víctimas de ella. Para los operadores, esto se traduce en interrupciones del servicio, mayores costes de seguros y reparaciones muy caras.

Procesado por IA desde Guardian; editado por Hamidun News
Estudio de First Street: el 80% de los centros de datos es vulnerable a inundaciones, incendios y huracanes
Fuente: Guardian. Collage: Hamidun News.
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Casi el 80% de los centros de datos del mundo se encuentra en zonas de amenazas climáticas extremas: inundaciones, huracanes e incendios forestales. Es la conclusión de First Street, una empresa especializada en el análisis de riesgos climáticos.

Alcance de la vulnerabilidad

Los analistas de First Street evaluaron instalaciones de infraestructura digital de todo el mundo y encontraron un panorama inquietante: la inmensa mayoría de los centros de datos se ubica en zonas que ya hoy sufren la amenaza de fenómenos naturales extremos. Cada región afronta sus propios riesgos:

  • Inundaciones: afectan a instalaciones situadas en tierras bajas costeras, llanuras aluviales de ríos y aglomeraciones urbanas con sistemas de drenaje pluvial saturados
  • Vientos extremos y huracanes: amenazan a los centros de datos de los cinturones de huracanes del Atlántico y del Pacífico, así como de las zonas monzónicas de Asia
  • Incendios forestales y de pastizales: son críticos para las instalaciones del oeste de EE. UU., el sur de Europa y Australia

Para los operadores, los incidentes climáticos se traducen en pérdidas concretas: interrupciones imprevistas del servicio, daños en el equipo de servidores, reparaciones costosas y un fuerte aumento de las primas de seguros. Los clientes corporativos que alquilan capacidad a proveedores de nube corren el riesgo de perder el acceso a servicios críticos y de recibir sanciones por incumplir sus propios compromisos con los usuarios.

La paradoja de la infraestructura de IA

La situación encierra una amarga ironía. Los centros de datos que sostienen los sistemas de inteligencia artificial figuran entre los mayores consumidores de electricidad del mundo. El auge de la IA de los últimos años ha acelerado de forma drástica la construcción de nuevas instalaciones y ha elevado su consumo total y, con él, las emisiones de gases de efecto invernadero.

Esas mismas emisiones aceleran la crisis climática: hacen más intensas las lluvias, más potentes los huracanes y más largas las temporadas de incendios. El resultado es que la infraestructura de IA queda atrapada en un bucle de retroalimentación: perjudica al clima con sus propias emisiones y, al mismo tiempo, se vuelve cada vez más vulnerable a las catástrofes climáticas.

Para el sector, no se trata de una amenaza abstracta. Los desastres naturales ya han afectado en más de una ocasión a grandes instalaciones de infraestructura digital, desde los tifones en la región Asia-Pacífico hasta los huracanes en la costa este de EE. UU. y los devastadores incendios de California.

Consecuencias financieras y operativas

La vulnerabilidad climática de los centros de datos se traduce en pérdidas financieras directas. Las interrupciones del servicio resultan extremadamente caras para los operadores: incluso unas pocas horas de caída de una gran instalación suponen pérdidas millonarias, tanto de forma directa como por las sanciones frente a clientes corporativos cuyos servicios dependen de la estabilidad de la infraestructura.

Las aseguradoras ya están revisando su enfoque. Las tarifas para instalaciones en zonas de alto riesgo suben más rápido que el mercado, y algunos suscriptores se niegan directamente a asegurar centros de datos en las ubicaciones más peligrosas, sobre todo en llanuras aluviales o en áreas forestales propensas a incendios.

Las medidas de adaptación exigen inversiones de capital considerables: refuerzo de las estructuras de los edificios, sistemas de alimentación eléctrica de reserva independientes y construcción de capacidad redundante en regiones geográficamente separadas. Todos estos costes acaban incorporándose al precio de los servicios en la nube y, poco a poco, los notan los clientes corporativos.

Qué significa esto

El auge de la IA ha creado una demanda colosal de centros de datos, con frecuencia en regiones donde el suelo es más barato y los permisos son más fáciles de obtener, pero donde los riesgos climáticos son mayores. Ahora el sector tendrá que replantear la lógica de ubicación de las nuevas instalaciones y reforzar con urgencia la resiliencia de las que ya funcionan.

Para los proveedores de nube y sus clientes, la fiabilidad de la infraestructura en un clima cambiante ha dejado de ser una cuestión teórica y se ha convertido en un asunto operativo, ya hoy.

ZK
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