Líderes de AI bajo interrogatorio: Hassabis sobre el conflicto entre ciencia y capital
Demis Hassabis y otros líderes de AI están impulsados por motivos distintos: para algunos, se trata de descubrimiento científico; para otros, de beneficio comer

Detrás de cada gran avance en inteligencia artificial hay personas con motivos contradictorios: curiosidad científica, deseo de ganancia y afán de poder político. Precisamente estas fuerzas, según el autor Sebastian Mallaby, moldean el futuro de la tecnología y determinan cómo influirá en el mundo.
Quién Impulsa la Carrera
Demis Hassabis, fundador y científico jefe de DeepMind, está impulsado principalmente por la pasión científica. Para él, AI es una forma fundamental de entender la naturaleza de la inteligencia y la conciencia. Su interés reside en la ciencia pura, en las publicaciones y en el reconocimiento de la comunidad científica.
Pero junto a estas figuras trabajan empresarios como Sam Altman y Elon Musk, para quienes la tecnología es una herramienta para crear valor económico e influencia geopolítica. Para ellos, AI no es simplemente un desafío científico, sino una forma de remodelar toda la economía global. Mallaby explora esta paleta de motivos en su libro, mostrando cómo las ambiciones opuestas crean dinámicas que impulsan la industria hacia adelante.
El sistema funciona precisamente porque personas con objetivos diferentes actúan dentro de él.
Ciencia y Capital en Tensión
Entre científicos y empresarios en la industria de AI existe una relación tensa pero simbiótica. La ciencia necesita recursos—capacidad de laboratorio, poder computacional, talento de primera categoría—que solo el capital puede proporcionar. El capital necesita ideas, autoridad e innovaciones que trae la ciencia. Pero los intereses a menudo divergen radicalmente:
- Un científico quiere publicar resultados y compartirlos con el mundo
- Un empresario quiere mantener los descubrimientos en secreto para obtener ventaja competitiva
- Un estadista se preocupa por la seguridad nacional
Mallaby plantea una pregunta aguda: ¿hacia dónde llevará esta lucha cuando los sistemas de AI se vuelvan mucho más poderosos? ¿Podrá la comunidad científica defender los principios de apertura, o el capital se apoderará de la narrativa?
Los Gobiernos Quedan Atrás
Los políticos están muy rezagados. Difícilmente algún gobierno está verdadeiramente preparado para gestionar sistemas que se vuelven rápidamente más poderosos. No hay consenso claro sobre cómo regular AI, no hay mecanismos de control en tiempo real. Cada país intenta construir su propia estrategia: la UE sigue la vía de regulaciones estrictas, los EE.UU. eligen un enfoque de no intervención, China concentra AI en manos del estado. Pero ningún enfoque parece completamente adecuado para el desafío que presenta la tecnología.
Qué Significa Todo Esto
La historia de AI no es una historia de bien y mal, sino una historia de diferentes tipos de ambiciones que se entrelazan e interactúan. Hassabis, Altman, Musk y otros no son enemigos—son simplemente fuerzas impulsoras diferentes, cada una actuando según su propia lógica. La pregunta que plantea Mallaby: ¿puede la sociedad encontrar un equilibrio entre la innovación y la seguridad antes de que los sistemas de AI se vuelvan verdaderamente incontrolables?